El Urbanito

Crónicas de lo que sucede alrededor nuestro y eventualmente de lo que sucede en mi interior.




MAESTRO

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Ayer recibí varias noticias que me impulsaron a querer celebrar la vida por todo lo alto. Una buena noticia financiera esperada, algunos proyectos que se van materializando, el nacimiento de mi blogo-sobrina Ivana y esos pequeños detalles caseros que suelen aparecer de golpe en un solo día. Mientras pensaba en la mejor manera de celebrar recibí una mala noticia que me recordó que toda dicha es efímera cuando no esquiva.

Conocí a Constantino Carvallo en 1998. En esas épocas participaba del directorio de menores de Alianza Lima y por encargo del presidente del Club debía organizar convenios con clubes del extranjero a fin de innovar metodologías de entrenamiento y preparar dos torneos internacionales juveniles competitivos conducentes a conmemorar el centenario del Club el 2001. En medio de una reunión bastante álgida donde varios dirigentes cuestionaron la utilidad de los convenios y los torneos y cuando todo parecía perdido pidió la palabra un señor a quien no conocía y que había venido escuchando atentamente la discusión en silencio. En forma pausada, con palabras precisas y lógica demoledora desbarató cualquier oposición al proyecto presentado y terminó por convencer a los demás directores de la utilidad de apoyar ambas ideas.

Fue así que conocí la labor de Carvallo dentro y fuera del club. Su propuesta educacional rompía moldes tradicionales e incorporaba palabras desconocidas para la mayoría como espíritu crítico, ética personal e independencia de criterio. Desarrollaba además en la práctica acciones que combatían el racismo, la exclusión, los prejuicios y las desigualdades de todo tipo. Invertía su tiempo y recursos becando deportistas, dictando talleres en Lima y Chincha, implementando hogares temporales y apoyando irrestrictamente a gente de escasos recursos. Muchas veces discrepábamos en métodos y perspectivas pero la esencia de su propuesta permanecía incólume.

Tan interesante como su dinámica de trabajo era conversar con él sobre las cosas que reclamaban sus afectos. Descontando sus pasiones recurrentes que eran la educación y el fútbol conversar con él sobre literatura, cine o realidad nacional era verdaderamente aleccionador. Compartía sus opiniones y conocimientos sin ánimo de pontífice sino más bien en forma didáctica y precisa; que duda cabe, un maestro a tiempo completo.

Dejamos de frecuentarnos finalizando el 2001 pero siempre hubo oportunidad de conversar -aunque sea brevemente- en estadios, reuniones del club o mediante el correo electrónico. A veces le enviaba a hijos de amigos que estaban “desahuciados” por el sistema escolar tradicional o por la miopía de sus padres; el se encargaba de recibirlos, darles confianza, motivarlos y potenciar áreas insospechadas donde los chicos daban lo mejor de sí. Un talento especial dentro de todas sus habilidades lo constituía el descubrir con paciencia y perspicacia la singularidad oculta y habilidades emocionales de cientos de chicos que pasaron por sus aulas.

Cuando recibí la triste noticia de su partida y observé las reacciones diversas que se suscitaron pensé en que la hipocresía de algunos que lo detestaban y se preocuparon en declarar duelos o condecorarlo póstumamente era más insoportable que su ausencia. Pero hoy al ir al sepelio me olvidé de toda la mediocridad y el oportunismo de algunos cuando vi a la inmensa mayoría de gente que había ido a acompañar a su familia en este jodido trance. Alumnos, exalumnos, jóvenes, ancianos, gente de pueblo, intelectuales, políticos, empresarios, docentes, artistas, todas las razas, todas las sangres, todos juntos en armonía y sin exclusiones de ningun tipo, tal como siempre lo había propugnado pertinazmente Constantino. Un mar de gente y flores que despidió con emociones encontradas a una persona valiosa.

Muchos se quebraron al escuchar las palabras de su hija mayor o al escuchar cantar poemas musicalizados a muchos de los jóvenes presentes. Tal como lo comentábamos con un amigo, mientras los dos ni siquiera nos acordábamos del nombre del director de nuestro colegio había frente a nosotros un grupo de gente que jamás iba a olvidar el nombre de la persona que hizo de su tránsito escolar una experiencia irrepetible. Comprobamos que todo el trabajo de tantos años no había sido en vano, caro privilegio que pocos pueden llevarse a la tumba en una época donde todo se compra, se vende o se transa.

He asistido a muchos sepelios, nunca al de un familiar directo pues felizmente los tengo aún a todos completos. Creo que ninguno ha sido tan aleccionador como este pues uno puede aprender a querer más a la vida no solo desde el regocijo egoísta de la felicidad propia sino también desde la contemplación de la muerte de alguien que no vivió en vano. Ahí te veo Constantino.


No los soporto

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Nunca me he sentido orgulloso de ser limeño. A pesar de haber nacido en el mero centro de la ciudad me cuesta identificarme con el caos, la suciedad y el despelote que los habitantes de esta villa hemos institucionalizado como elementos básicos de nuestro quehacer diario. Lima es una ciudad hostil y muy dura para el que desconoce los códigos de supervivencia básicos que no estan publicados en ningun lado y sin embargo son más importantes que la constitución del estado. Ahí esta el detalle!!!, como diría Cantinflas, cuando en una sociedad el “alaquechuchismo” es más importante que todas las leyes escritas juntas estamos verdaderamente jodidos.

Parte importante de este despelote son la inexistencia de un contrato social que articule tanto horizontal como verticalmente a una sociedad desigual construida sobre castas y privilegios asi como también la incontrolable y yuxtapuesta influencia del modus vivendi del sector emergente afincado en la capital. Lima solía estar más cerca de París o de Buenos Aires que de Arequipa en tiempos pasados lo cual tampoco era para alegrarse mucho; las actuales condiciones de atraso, exclusión y olvido en las que se sigue encontrando gran parte del país a pesar de la bonanza macroeconómica tienen su origen en el centralismo asfixiante que data de la época de la colonia. A partir de este ombliguismo citadino se origina una migración intensiva desde fines de los años 40 la cual no cesa hasta la fecha y ha terminado por configurar de manera radicalmente distinta no solamente los mapas y estadísticas poblacionales sino los usos, costumbres y hasta el lenguaje que son usados en la vida diaria. Llámenlo chicha, combi, emergente, píntenlo de verde si quieren, no solo llegaron para quedarse sino también para imponer sus condiciones.

A principios de año fui invitado a asesorar a una empresa importante que había extendido sus actividades corporativas a la compra de un equipo de fútbol. Rápidamente me involucré en el tema y traté de construir una estructura organizacional alrededor del equipo que nos permitiese funcionar sin problemas habida cuenta que existía disponibilidad de medios para poder trabajar tranquilamente. En paralelo fuí conociendo como funcionaba la empresa y allí me dí cuenta del primer error que había cometido al aceptar el puesto: No podía ser gerente de un equipo que pertenece a una empresa…que no tiene ningun gerente.

Rápidamente elaboré mi perfil del emergente exitoso y adinerado:


1) Son gente que cuando ha salido de muy abajo (a punta de esfuerzo y rompeduras de lomo) y asciende a una posición de dominio llega a disimular detrás de una careta de humildad y voz bajita una personalidad déspota y caprichosa. No le tienen temor a nada ni a nadie, tan solo a volver a ser misios.

2) Adoran los signos exteriores de riqueza (autos, casas, etc.) como medios eficaces de afianzamiento en una sociedad racista y clasista.

3) Desprecian o desconfían de la gente que no habla su mismo lenguaje ni comparte sus mismos códigos culturales. Odian que les corrija algun error ya sea en público o en privado.

4) El elemento más importante de su agenda es el culto a la personalidad. Adoran a los asesores de prensa, idolatran a los periodistas sobones y el orgasmo más recurrente les sucede cuando leen su nombre en periódicos o lo escuchan en la radio. Sueñan con ser alcaldes, gobernadores o presidentes regionales a cualquier precio y para eso usan como trampolín las acciones sociales o las plataformas deportivas.

5) Les encanta asistir a eventos, premiaciones y cuanto evento de oropel se desarrolle alrededor suyo. No es inusual ver sus papeles tapizadas con diplomas y reconocimientos inútiles que sus buenos dólares les han costado.

6) La meritocracia es una palabra desconocida en sus empresas. Si hay trabajo este estará disponible para el hermano vago, el sobrino tonto o los hijos de su compadre. El más obsecuente será el que ascienda más rápido pero solo hasta cierto nivel; si demuestras inteligencia o vuelo propio tus días estarán contados.

7) Son reacios a aceptar otras manifestaciones culturales distintas a las que ellos prefieren. Estética, música y hasta la comida estan regidas por patrones indescifrables (cuando no “chichas”) que no admiten variantes ni novedades. Eso los hace terminar pensando que nadie conoce mejor que ellos las necesidades y el sentir del pueblo.

8) Su vida familiar es intensa y variada: tienen amantes e hijos por doquier además de la familia “formal”. En el país de los machistas el emergente es rey.

9) En una era donde la información y el conocimiento son esenciales para cualquier tipo de emprendimiento confían básicamente en su instinto y en una particularísima percepción de la realidad. Demás esta decir que las lenguas extranjeras y la PC son objetos arcanos.

10) Nunca se pelean con nadie pues son expertos en la zalamería, el elogio vacuo y el exagerado respeto frente a alguien a quien necesitan, una autoridad o hasta un rival. Eso sí, cuando te vayas pega la espalda a la pared pues una vez que te das la media vuelta terminas más acuchillado que madera de carnicero.

Por supuesto que existen excepciones honrosas a las numerosas encarnaciones de este decálogo. Lamentablemente hoy en día son más numerosos los ejemplos como el citado. Estan encaramados como congresistas, alcaldes, presidentes regionales o dirigentes gremiales. Curiosamente, cuando regresan en olor de multitud a sus provincias tratan de imponer su peculiar visión de la modernidad inundando de cemento parques, plazas, avenidas y cuanto espacio se encuentre disponible para su mal uso.

Mi vida ha regresado a la tranquilidad luego de 6 meses delirantes al lado de este peculiar sujeto. Como parte de esta experiencia tuve oportunidad de conocer a otros presidentes de clubes de otras provincias, creo que debo agradecerle al destino que el que me tocó no era el peor pues los pares arequipeños, huancaínos y cajamarquinos del presidente ayacuchano eran unos verdaderos monos con chaveta (y plata, claro esta). En todo caso la experiencia ha sido positiva, he hecho una sólida amistad con la gran mayoría de los futbolistas con los que trabajé, he dejado amigos al interior de la organización y le he agregado una promesa inquebrantable a la que estoy tratando de mantener con respecto al tabaco: nunca más trabajaré con o para un cholo con plata.


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