El Urbanito

Crónicas de lo que sucede alrededor nuestro y eventualmente de lo que sucede en mi interior.




Te tengo que olvidar


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Toda la gente que me conoce coincide en señalar el gran parecido físico que tengo con mi madre, con quien además de la reconocible identificación guardé siempre una gran relación de confianza y amistad. Coincidíamos siempre en las decisiones que había que tomar en la marcha de la casa, independientemente de la opinión de mi padre y mis demás hermanos y a pesar que teníamos modos distintos de ver la vida. Paradójicamente, a pesar de las grandes desavenencias que tuve con mi padre en la adolescencia, compartía con él el gusto por cuatro cosas que nos apasionaban: la música, las sopas, los libros, bailar boleros pegadito y los cigarrillos.

Mi relación con el cigarro data del año 82. Contaba con 15 años y estábamos a punto de hacer nuestro viaje de promoción a Arequipa. Un viaje bastante sui-géneris puesto que duraba más de diez días y tenía como objetivo el visitar industrias locales todas las mañanas (en horario de trabajo) y hacer turismo en las tardes, incluida la reglamentaria juerga de limeñitos que es una suerte de ley no escrita que regula la vida nocturna en dichos periplos. Los profesores que nos acompañaban eran J. Arrieta y Rafo León, el mismo de “Tiempo de Viaje”, quien había sido nuestro profesor de lengua y tutor el año anterior. Al momento de hacer los preparativos, empaqué cuidadosamente mi ropa, un par de libros que estaba leyendo y dos cajetillas de Hamilton Light´s, compradas a escondidas y con complicidad de la hija del bodeguero de la esquina. Fumaba a escondidas de mis padres, en las fiestas con los amigos, pero no lo hacía por placer -como lo aprendí a hacer posteriormente- sino como parte esencial de esos ritos adolescentes de afirmación de la virilidad que solemos practicar los hombres a cierta edad.

El viaje fue inolvidable, las dos cajetillas me duraron menos que la bolsa de viaje y aprovechando las ventajas del contrabando, compramos con la patota un cartón de Marlboro, ciertamente impagable para nosotros en Lima. Andábamos con un pucho en la boca, jugando a ser hombres, con más ínfulas que certezas de virilidad y con ímpetus hormonales decididamente desbocados. La vida no era la misma sin los puchos. Y en esos diez días disfrutamos de nuestra libertad sin medida alguna, como solo lo haces a una edad en donde no te importa nada. Felizmente, el pucho era una cuestión social, solo recurríamos a él los fines de semana, tanto o más importante que el sentirse importante con el pucho era correr y estar en forma para que no te saquen del equipo de fútbol. Primera batalla que el deporte (y el ego) le ganaban a la nicotina, relegándola a su ubicación tradicional de acompañante en el chupódromo de turno.

Y así fui desarrollando una curiosa relación con el tabaco que siempre fue bastante extraña para muchos. Podía pasarme semanas sin fumar, como podía despacharme una cajetilla en 3 horas un sábado por la noche. Cuando empecé a trabajar, la relación se intensificó, aunque siempre el deporte actuaba como una suerte de regulador de la dosis de tabaco semanal. Además, a mí siempre me representaba un placer inmenso fumar despues de almorzar, en medio de una cena, caminando en medio del aire frío, ver venir esa placentera sensación de aspirar el humo del tabaco y sentir ingresar el aire en tu interior ,sin raspar la garganta, exhalando el humo en aros, lentamente ,con una elegante y estudiada parsimonia. Ya no era una cuestión de vanidades, hormonas o pose, me gustaba el tabaco y punto.

Con el devenir de los viajes y los años la relación se hizo más placentera y frecuente. Los Hamilton primigenios habían sido sustituidos por el Marlboro Light (siempre ligeros, nunca algo fuerte) o por algunas marcas similares en sabor que podía conseguir durante los viajes. He probado en busca del sabor perfecto todo tipo de cigarrillos, con filtro, sin filtro, con tabaco ruso, indostaní, malasio, de virginia, árabe, africano etc. Y adonde viajaba siempre inquiría por el cigarrillo local, como una forma de conocer las costumbres (Una medida de conocer el grado de cultura de la gente es observando la medida de su capacidad de disfrute, eso no significa que un pueblo tabaquizado es más culto, por siacaso) y de confraternizar con gente a veces muy humilde que me ofrecían algo de ellos al ver que yo encendía un cigarro.

En el 97 dejé de fumar por un año, venía de vivir casi un año en Rusia, adonde había fumado más de la cuenta, al fin y al cabo, el pucho había demostrado ser una vez más un compañero insobornable de soledades ,sobretodo en medio de un invierno tan inclemente como interminable. Había llegado a pesar casi 120 kilos, había tenido un foco neumónico a causa de un enfriamiento y el médico me aconsejo fumar menos, hacer más ejercicio y comer moderadamente. Así lo hice, fumaba solo los fines de semana, baje hasta 98 kilos y la verdad, no extrañaba mucho el vicio. Podía correr de 5 a 10 kilómetros sin sentir que me moría en el intento. Me sentía bien, disfrutaba de todo sin excesos y no extrañaba para nada la frecuencia del vicio, sobretodo porque en casa no fuma pues ya había nacido mi hijo y mi pareja no fuma.

A medidos del 2001 comenzó una etapa un poco difícil, principalmente en el aspecto de los negocios. Sin darme cuenta, el vicio se instalo nuevamente como acompañante habitual y aumenté mi consumo a unos 10 cigarros diarios. Subí un poco de peso, me abandoné a las circunstancias de crisis poniendo como excusa que tenía demasiadas preocupaciones que eran paliadas por el cigarro. Las cosas se arreglaron un poco el 2004, dejé de fumar en forma casi compulsiva y nuevamente retomé el ejercicio, la vida saludable y la existencia medio despreocupada.

A inicios del 2005 comencé de nuevo a aumentar la frecuencia, había encontrado por fin el sabor perfecto en un cartón de cigarros que me trajo un amigo de viaje: Gauloises Blondes Lights, de lejos, el mejor cigarro que he probado en mi vida. Para esto, en el ultimo año, sacando cuentas, he llegado a fumar casi una cajetilla al día, lo cual es un indicador suave comparándolo con los números de heavy smokers pero muy preocupante teniendo en cuenta la contaminación de alquitrán que estan recibiendo mis pulmones en forma sistemática y consistente. Curiosamente, la decisión de bajar el consumo de cigarros a una frecuencia casi social parte ahora no a partir de factores de salud relacionados con la limpieza de los pulmones sino a partir del impedimento que constituye para una adecuada performance de “funky funkeo” el tener los pulmones contaminados. Hace no mucho, en medio del fragor de la batalla, sentía que me faltaba el aire, como si hubiese corrido 20 kilómetros y verdaderamente me preocupé. Pude completar la faena disimulando el contratiempo pero sintiéndome más cansado – no encontré comparación más adecuada- que galán de película porno. Recordaba, paradójicamente, que otro de los momentos placenteros para encender un cigarro era precisamente despues de hacer el amor, sorbiendo una copa de vino tinto y buscando un buen tema de conversación acorde con las circunstancias. Volviendo al momento actual, si había algo que no me provocaba era ver un cigarro a un kilómetro, lo relacionaba con la falta de aire, con una performance mediocre, con la posible pérdida de un estado de bienestar al que no podría acceder dentro de poco si seguía fumando como chino timbero. Como haría la gente que fuma dos o tres cajetillas al día? Solo tendrá sexo telefónico o virtual??

Así que tomé la decisión impostergable de disminuir drásticamente el consumo de cigarros, dejando este disfrute para los fines de semana, acompañando un trago, volviendo a sentir la necesidad de prender uno despues de esos momentos, finalizándolos a plenitud sin sentirme desvariando por falta de aire.

Voy a extrañar mis Gauloises. Tendré que sustituir al cigarro con otro elemento distractor que no me perjudique ni en el corto ni mediano plazo.

Todo sea en aras de la armonía conyugal y de la satisfacción del disfrute completo.

Godzilla’s tale is back baby!!!!!!!!!!!!!!!


3 Responses to “Te tengo que olvidar

  1. Blogger Ursula 

    Schatz te felicito por la decisión y realmente me has inspirado a hacer lo mismo...También fumo desde chibola, empecé también en plan de sentirme la regia con mis amigas (en esa época estaba de moda fumar, no como ahora). Después poco a poco sin darme cuenta fui aumentando el consumo, y en mis peores épocas he llegado hasta a fumarme más de una cajetilla de Marlboro Rojo al día..
    Hace poco dejé de fumar por unos días (cuando salí embarazada),y me costó muchísimo, y cuando perdí el embarazo y el doctor me confirmó 100% que ya no estaba embarazada, lo primero que hice fue prender un pucho...y me asustó realmente el grado de dependencia...
    Ahora estoy en el plan que me digo a mi misma, hoy NO FUMO, pero mal que bien siempre termino prendiendo uno. Y no debería... sobre todo si quiero salir embarazada nuevamente, he pensado en hipnosis, en parches, en mil cosas pero me llega el hecho de tener que acudir a esos métodos porque eso no haría más que confirmar mi nula fuerza de voluntad...
    Te acompaño en el reto Schatz, yo también lo tengo que olvidar (inclusive fines de semana)..
    Suerte!

  2. Blogger verolindapechocha 

    Mi estimado Schatz, si mis números no me fallan ud comparte 5 placeres con su padre y no 4...

    Fuera de ese detalle técnico, te felicito sinceramente x la saludable decisión.

    A ti y a Ursu les recomiendo que vayan a este link y se inscriban: http://www.quitometro.org/quitonline.php

    Así podrán ver en sus blogs sus progresos y cuánto están ahorrando.

    Si su performance ha desmejorado es justo y necesario que pare ese mal hábito YA!!!

    Además los schatcitos merecen aire limpio y un padre saludable.

    He dicho. ¡Suerte!

  3. Blogger schatz67 

    Ursula,

    Creo que si estas enfocada en tratar de ser madre es imperativo que relegues el cigarro a un nivel cero.No sé si tu esposo es fumador,si no lo es, las cosas van a ser mucho más faciles.Si lo es, el también va a tener que ser parte de este esfuerzo,recuerdo mucho a unos ex-vecinos míos,Bartolóme y Patty Ríos, ellos fumaban como descosidos y cuando ella salió en cinta ...él dejó de fumar y parece que asi seguían hasta hace algun tiempo, ya han tenido 3 hijos.

    Prueba a hacer algun tipo de actividad física , cuando te sientes sin aire es cuando verdaderamente odias al cigarro.

    En fin, te deseo mucha suerte en ambas cosas.En dejar el cigarro y en los afanes maternales.Hay que seguir conversando sobre los respectivos avances.

    Pechocha,

    Tiene razón Ud. La acuciosidad es una compañera que no me ha sido muy fiel ultimamente.

    Voy a revisar el link y te comento mis impresiones.Gracias públicas y totales por los cambios en el blog.

    Un abrazo para Uds. de su cosmiatra

    Schatz

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