El Urbanito

Crónicas de lo que sucede alrededor nuestro y eventualmente de lo que sucede en mi interior.




Tutti Frutti

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Las últimas semanas han sido bastante ajetreadas. Visitantes de todos lados que parecen haberse puesto de acuerdo para elegir Lima como destino excluyente, una inflamación del periostio (esa membrana que separa al músculo dorsal de las costillas y que se me inflamó gracias a una sacada de miéchica en la playa) que no te deja dormir, moverte y ni siquiera dedicarte al funky funkeo, un montón de trabajo y la impaciencia que nos gana cuando estamos a la espera de una buena noticia que esta a punto de concretarse. Todos, motivos muy valederos para justificar mi ausencia bloggeril. Aunque debo reconocer que me ha relajado mucho comentar en los blogs amigos, la gente sigue escribiendo, existiendo y enamorándose y es saludable constatar que las parejitas bloggers se siguen enamorando por doquier.

Como quiera que no he tenido ni tiempo ni dedicación para dedicarme a un tema excluyente suelto algunos comentarios sobre un par de cosas que se me ocurrieron en días pasados.

Lenguaje marino

Las mujeres nunca me dejan de sorprender. Su lenguaje tampoco. Y a pesar que muchas veces se ha dicho que el castellano es una lengua de caballeros no me cabe ninguna duda de lo originales que pueden ser los giros idiomáticos que el lenguaje femenino suelte tener para sorpresa nuestra. Hace unos días estábamos con uno de mis visitantes y un amigo más tomando un pisco sour en Las Huaringas cuando en la mesa del costado se sentó un grupo de chicas bastante simpáticas – algunas muy guapas- que se ubicaban entre los 25 y 35 años. Chiconas, maltonas, llámenlas como quieran aunque en el grupo (que eran casi doce personas) no faltaba una choclona. Todas muy bien vestidas y arregladas.Dicho grupete alteró la tranquilidad del bar y en cierto momento nosotros callábamos solo para escuchar las ocurrencias de las chicas, las cuales, a medida que el pisco sour circulaba se hacían más y más ocurrentes:

-Oye, ya vieron a fulanita? Se ha puesto chichis donde Kirschbaum y dice que ahora su esposo la quiere pescar en todos lados. Si supiera el cojudo que ha pagado la operación para que otro las disfrute, ja, ja, ja, ja, ja.

-Han visto al nuevo practicante? Es churrísimo!!!!!!!!Ayer casi le meto un chape mordidito cuando lo saludé.

-Bueno, ya le he dicho al tarado de Julio que si no se pone las pilas con lo del matri ya no lo voy a esperar más, total, hay tres que estan esperando en fila para hacer lo que yo les diga.

Las chicas eran de armas tomar, que duda cabe. Un ejemplo por demás demostrativo de lo independientes que son hoy en día las mujeres que son profesionales, trabajan y no estan esperando a nadie para avanzar en la vida. Aunque lo mejor estaba por venir cuando una chica, tan regia como lengua larga regreso del baño:

-Chicas, no sé que pasa con este sitio. Si van al baño lleven su kleenex porque no hay papel para limpiarse el CHORO.

Como dicen en Pelotillehue City, exijo una explicación.

El amor después del amor

-Y tu siempre le preguntabas a todas si habían llegado?

La pregunta de la marinovia me descolocó. Mi respuesta la dejó peor parada a ella.

-En realidad siempre me quedaba dormido antes de preguntar nada.

Debo confesar que hace algunos años tenía la mala costumbre de quedarme dormido inmediatamente después de hacer el amor. No fallaba, acababa el primer turno y los planes del cigarrito de película francesa, el traguito de la misma copa o los jueguitos y cosquilleos cómplices fracasaban rotundamente pues a los cinco minutos clavados estaba roncando a pierna suelta para desesperación de la enamorada de turno. Una dormidita de media hora y luego a despertarme con hambre, con sed y con más ganas aunque a veces estas ultimas no eran correspondidas debido al mal humor de mi acompañante quien o bien ya estaba vestida y lista para irse del telo o estaba con una cara de poto enorme que hacían imposible cualquier acercamiento cercano.

A inicios de los 90´s estaba en Chicago en medio de un viaje durísimo que hice con un amigo (residente en USA hacía varios años) prácticamente de costa a costa norteamericana. Visitábamos empresas que representábamos en el Perú y yo aprovechaba para conocer un país fascinante y enorme. Una noche, cenando, comenzamos a hablar de mujeres, tópico obligado y recurrente en toda conversación masculina.

-Cumpita (asi me decía mi amigo) llegando a San Francisco voy a timbrar a dos amigas que tengo allí y que no visito hace varios meses. Creo que siguen solteras y estan buenísimas, con una de ellas he tenido varios choques y fugas desde que vivo por aquí.

-Ya, no hay problema, con tal que entre choque y choque no se le dé por tratar de despertarme cuando hago mi siesta post-talco.

-Cumpita, muy mal eso de quedarse dormido. A mi también antes me pasaba eso pero ya arreglé el tema de una manera muy simple. Te hago una pregunta: en que piensas tú cuando estas a mitad del primer polvito?

-Mmmmmm. La verdad, pienso en que apenas acabe me quiero meter un segundo polvito.

-Y que pasa al final.

-Tamare, que me quedo dormidito.

-Allí esta el problema pues mi herrrrrrrrrrmano. Te sobreexcitas pensando en lo que quieres hacer después cuando aún no haz terminado de hacer lo que tienes en curso. Y cuando terminas, generalmente apurado, quedas muerto y en lo único en que piensas es en dormir.

-Y cual es la solución Dr. Cucharón?

-Piensa en acabar bien, no en lo que vas a hacer después. Y cuando acabes enciéndete un pucho, tomate un trago, métete al baño y aunque sea échate agua para despertarte. Aunque lo mejor es conversar y decirle que todo estuvo formidable, asi no lo haya estado. Eso es lo que más aprecian.

Sin mucha confianza comencé a aplicar las soluciones del experimentado Dr. Cucharón para cada sesión de funky funkeo y los resultados fueron espléndidos. Todo funcionó de mejor manera y en menos de lo que uno se daba cuenta ya se había pasado una media horita y ya estaba todo listo para empezar con el zangoloteo de nuevo. Moraleja: A pesar que los hombres manejamos distintas maneras y tiempos de hacer las cosas creo que todos debemos coincidir en una: Nunca quedarnos dormidos después del evento. Cuéntense un chiste, díganles que estuvieron estupendas mirándolas a los ojos y preocúpense en darse cuenta si realmente sus partners llegaron pues el principal engaño femenino no radica en salir con otro hombre sino en hacerle creer a uno que han quedado “super satisfechas”. Este fue un consejo del Dr. Dobson para tutta la familia.


Trilogia

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A veces pensamos que la vida nos queda corta para disfrutarla a plenitud aunque en la mayoría de los casos tardamos mucho en comprender a cabalidad el real concepto del disfrute. Para algunos este radica en viajar a los lugares más recónditos para poder proclamar a pecho inflado”yo estuve allí”. Otros hacen de la concupiscencia un deseable estado de gracia, algunos prefieren dedicarse a los avatares del buen comer mientras no pocos viven dedicados a prodigarle mimos y cuidados a su cuerpo y apariencia. Todos tenemos una determinada prioridad en diferentes momentos de nuestras vidas y poco a poco aprendemos a separar el trigo de la paja dándole una real importancia a los momentos de real valía.

Sería fatuo de mi parte proclamar que ya lo he visto o vivido todo aunque mi odómetro ostente un respetable kilometraje y mi carrocería exija una necesaria inspección. He visto bastante y he disfrutado mucho aunque nunca lo suficiente. Acaso ninguna vida lo es para poder conocer las maravillas y sensaciones que son dignas de experimentarse en este mundo y creo que asimilando ese concepto básico podremos manejar mejor nuestros tiempos y prioridades. En ese mismo sentido alguna vez Felipe Ortiz de Zevallos respondió que el era muy conservador a la hora de leer libros o escuchar música, era tanta la magnitud y la belleza de lo que ya había sido creado que el pensaba que la vida no le alcanzaría para poder conocer lo que ya estaba hecho. Por eso siempre vuelvo a los autores, a las películas y a la música que en algun momento me agregaron algo a la vida pues a la larga revisitarlos o conocer sus nuevas obras es un modo muy simple de volver a ser feliz. A continuación les comento sobre tres cosas que he visto, leído, escuchado y disfrutado en las dos ultimas semanas y me han alegrado la vida.


Before Sunset o la película que alguna vez quisimos protagonizar.


En 1995 se estrenó una película algo inusual que relataba la historia de Jesse, un estudiante
norteamericano (Ethan Hawke) y Celine, una chica francesa (Julie Delpy) que se conocen en un tren camino a Viena. Ambos deciden parar en la capital austriaca y pasar todo un día recorriendo monumentos, galerías, calles y cuanto lugar les pudiese servir de pretexto para conocerse mejor y explotar la curiosidad y atracción que sentían el uno por el otro. Before Sunrise es el título de esta película dirigida por Richard Linklater y que narraba al detalle las horas de las que una pareja disponía antes del amanecer para conocerse, amarse y despedirse con la promesa de volverse a encontrar en 6 meses. 9 años después la pareja se vuelve a encontrar por obra y gracia del azar, esta vez en Paris aunque con más reproches, años y experiencias y vuelven a recorrer una ciudad tratando de descubrir que les pasó a cada uno y que podía volver a pasar entre ellos. Before Sunset es el título de esta extraordinaria secuela que no solo es protagonizada por los mismos actores sino también escrita al alimón por ambos y dirigida por el mismo Linklater. Y que puede tener de extraordinaria esta secuela si todas las 2das partes son por lo general malas? Porque dos personas que ya pasaron los 30´s y no son completamente felices pueden ser más encantadores que dos estudiantes caminando al lado del Danubio? Para empezar, es una película que es narrada en tiempo real y en donde durante 81 minutos el diálogo entre los dos protagonistas es subyugante y único. Los dos se cuentan sus vidas, tratan de justificar la inasistencia a la cita de hace más de 9 años y comparten con madurez, dulzura y amargura muchas reflexiones en torno al amor, la vida, el sexo, el compromiso, la felicidad y el plantearse cuan diferente hubiera sido todo si ambos hubiesen concurrido a la cita fallida. Nos identificamos con la brecha entre lo que tenemos y lo que quisimos haber conseguido y reconocemos en los protagonistas nuestra ilusión imaginaria de poder volver a preguntarle en esta vida a un amor fallido cuan diferente podría haber sido nuestra existencia si la hubiésemos compartido juntos. Una oportunidad que casi nadie tiene pero que el cine se esfuerza en poner a nuestro alcance. La fotografía, la química entre los actores y los reveladores diálogos son sencillamente exquisitos y el trabajo del director deja a los actores explorar sus posibilidades a su libre albedrío. No es necesario ver la precuela para entender esta película, intenten verla con su pareja y no esperen al sunset en sus vidas para plantearse el sentido de todo lo que han vivido o dejado de vivir; decídanse de una buena vez a ser protagonistas de su propio cuestionamiento y de la búsqueda de su felicidad. Véanla este Lunes 16 en Cinemax a las 22:15.


El libro de las ilusiones, Paul Auster


Si hay un consumado practicante de la metalepsis en la literatura posmoderna ese es Paul Auster. La metalepsis es el recurso que denomina a la figura literaria en la que el autor interfiere en la vida de los personajes… y viceversa. Algunos personajes que aparecen en los primeros libros de Auster sufren una evolución, misteriosas desapariciones y vuelven a reaparecer en las sucesivas obras del mismo autor lo cual a la larga confirma la maestría de Auster para sumergirnos en sus historias con desenlace aparente y que al final nos dejan con una perplejidad absoluta no solamente sobre el remate de la historia sino sobre el sentido real de esta. Siempre he confesado que es uno de mis favoritos y nunca dejaré de agradecerle a la vendedora de libros en Heathrow que me recomendó comprar “I thought my father was god”, un libro que Auster preparó a traves de un programa de radio convocando a la gente a que le enviase una historia personal que habían experimentado. Luego de recibir más de cuatro mil historias seleccionó 180 y las condensó en una vigorosa obra que retrata la vida y peripecias de gente de variada procedencia y situación a lo largo de todo Estados Unidos. Desde allí me volví un seguidor del escritor neoyorquino y en este último cumpleaños recibí muchos regalos lindos y dos particularmente especiales: “Brooklyn Follies” y “El libro de las Ilusiones”. El primero se lo recomiendo a todo aquel que quiera empezar a escribir un libro y aunque aún no lo he terminado de leer pronostico que lo acabo antes del lunes. El segundo es un ejercicio más enigmático aún. Un profesor, David Zimmer (personaje que aparece en otras circunstancias y etapas de su vida…en otros libros de Auster) que pierde a su familia en un accidente de aviación y que en medio de una crisis y un letargo emocional provocado por semejante desgracia vuelve a sonreír al descubrir por casualidad en una película vieja a un comediante del cine mudo, Héctor Mann que desapareció misteriosamente hace más de 50 años en los albores del cine hablado. Zimmer se enfrasca en conocer la obra completa del artista y cuando tiene mucha información para preparar un libro alusivo recibe un misterioso sobre que lo invita a ponerse en contacto con el actor pues…aún esta vivo en algun lugar de Nuevo México. Aquí comienza la inusual trama en donde un tipo que hasta no hace mucho solo pensaba en morirse comienza a buscar las pistas terrenales de otro que se supone que ya estaba muerto. Azar, destino, historias extraordinarias protagonizadas por gente ordinaria, reflexiones sencillas y diálogos claros, muchas de las fórmulas clásicas de Auster estan contenidas en este libro y por supuesto se llegan a entremezclar con otras historias y personajes del mismo autor.

Para mí ha sido una delicia acabar con uno de los libros y empezar a devorar el segundo. Quien sabe si en una de esas acabo descubriendo que mis historias menos interesantes son las que al final vale la pena recoger y recrear. Y que el azar no es una situación aleatoria y esporádica sino más bien el motor y elemento vinculante de nuestras anécdotas cotidianas.


Papirriki, Papacito y Papito: Miguel Bosé.


Mi primer encuentro con la música de Miguel Bosé no fue el mejor. Un sujeto vestido de blanco de pies a cabeza y de modales bastante dudosos daba saltitos disforzados sobre una tarima moviendo asincopadamente sus zapatitos blancos y gritando “Don Diablo se ha escapado tu no sabes la que ha armado…”. Ya no me parecía ridículo sino más bien ridípoto. Sin embargo las chicas, chiconas y choclonas suspiraban por Miguelito y convirtieron su primera visita al Perú en una manifestación pública de histerismo hormonal. Con el tiempo descubrí que este gallo no estaba en camino de convertirse en la versión reloaded de Camilo Sesto sino en pleno proceso de convertirse en uno de los capos en todo lo que se ha metido a hacer: actuación, canto y composición. Cada año Miguel Bosé se renovaba y cambiaba camaleónicamente de discurso, ritmo y apariencia. Y cuando no había nada nuevo por mostrar revisitaba sus trabajos primigenios para añadirles creatividad y adaptarlos a las tendencias en boga. Si existe un equilibrio entre lo comercial y lo artístico el fiel entre esos dos extremos esta encarnado en el español. Ha protagonizado innumerables conciertos, películas bajo la batuta de afamados directores, se ha reinventado infinidad de veces y en vez de convertirse en una caricatura de si mismo es a sus 50 años una suerte de referente hipnótico para todo el que aspira a iniciar un camino en el mundo artístico. Su supuesta ambigüedad, tan criticada en los inicios de su carrera solo ocultaba la verdadera faz de un espíritu renacentista que además de abarcar todos los registros en diversos campos nos remite a un tipo sencillo y querido por mujeres y hombres en Hispanoamérica e Italia.

Toda pareja tiene un tema de amor y el mío con N es una canción llamada “Si tu no vuelves”. Me gustan también otros temas de él pues además de sus letras y arreglos sus interpretaciones denotan mucha entrega y cariño hacia el público que lo sigue por doquier. La gira maratónica que emprendió por España y algunos países sudamericanos con Ana Torroja hace algunos años (y que por supuesto no lo trajo al Perú) le demandó un esfuerzo sobrehumano y era increíble verlo entregarse en cada presentación como si fuese el ultimo auditorio que iba a escucharlo. Demás esta decir que la dupla que realizó con una magnífica Torroja no solo es extraordinaria sino además irrepetible; dos soles si pueden brillar en el firmamento y encima de noche.

“Papito”, el ultimo álbum de Bosé, no es solo una de sus reinvenciones sino también un homenaje personal que resume y relanza a la vez muchas de sus canciones clásicas con voces que el ha sabido ver crecer y en algunos casos apadrinar o simplemente inspirar. Memorables son sus dúos con Alaska en “Amante Bandido”, con Ivete Sangalo en “Olvídame tú”, una linda versión de “Agua y Sal” con una de mis cantantes favoritas, Mina Mazzini y la tierna versión de “Te Amaré” que canta al alimón con Laura Pausini. Uno de esos discos que no vale la pena bajar en la PC sino comprar en la disco tienda o encargárselos a cualquier persona que viaje frecuentemente.

Cuando camino por la calle con N y mis hijos me siento papirriki, papacito y papito. Y cuando vemos juntos alguna película o concierto del español y la veo suspirar rendida compruebo sin pizca alguna de cólera o mala leche que no llego ni a remedo de Salieri de Bosé.


XL

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Algunos seres humanos se suavizan con la edad, como el vino; pero otros se agrian, como el vinagre. H.C. Dowland

Ayer - luego de 15 días de período de adaptación- terminé de asimilar que ya tengo 40 años. Una edad que parecía inalcanzable hace 20 y a la que sin haber terminado de acostumbrarme seguro que comenzaré a extrañar muy pronto. Creo que nunca llegamos a llevar bien nuestras edades o por lo menos a hacer lo que se espera que realicemos en una determinada etapa de nuestras vidas. Quizá la adolescencia es nuestro tiempo más auténtico, decimos lo que pensamos, actuamos (a veces irreflexivamente) en lugar de elucubrar teorías y vivimos al límite como si la inmortalidad no fuese una quimera. Aunque debo reconocer que si bien la infancia y la adolescencia son épocas doradas ser “tío” también tiene su encanto.

Llevar una edad es en todo caso una cuestión de costumbres. En mi caso particular es olvidar que te tuteen en primera instancia. A partir de ahora eres “Señor” y punto. Nada de explicaciones banales sobre la poca edad que le llevas a tu interlocutor, que tienes el corazón contento y que en realidad aparentas mucha menos edad de la que realmente tienes (que tampoco es mi caso, vamos); eres “Señor” y punto. Pensándolo bien tampoco es tan malo acostumbrarse a que lo llamen así a uno, lo único que no me gustaría nunca que me digan (ni siquiera a mis espaldas) es que soy un viejo de mierda.

Debo agradecerle a mi cuerpo el que hasta ahora haya resistido el maltrato al que lo he sometido inmisericordemente. Creo que si los organismos pudieran escoger a sus poseedores ninguno hubiese levantado la mano al momento de llamar a un voluntario en mi caso. Alcohol, tabaco, sobrepeso, interminables partidos de fútbol y momentos vividos al límite que milagrosamente no han terminado en el quirófano, una dolencia crónica o enfermedad terminal alguna. Consciente de lo afortunado que soy frente a algunos coetáneos que ya estan sufriendo los rigores de la exageración (hígado graso, azúcar elevada, presión alta o algunos dolores articulares que les impiden hacer deporte) empecé hace algunas semanas un régimen gradual de ejercicios y alimentación balanceada que me ha permitido bajar de peso y dejar de vivir y pensar como lo hice los últimos 10 años: como un gordo. Mi ropa me queda mejor, he recuperado la energía para hacer muchas cosas y hasta mi mujer dice que siente que ha desaparecido lo que antes nos separaba: la barriga. Eso no significa que ahora me he convertido en uno de esos sujetos redimidos y atormentados que todo lo piden con verdurita y bajito de sal. Huiflas, como de todo en porciones adecuadas, si no tengo nada especial solo me pido una ensalada y eso sí, los fines de semana me reviento mi carapulcra, un tacu tacu de postín o alguna parrillada asesina arteriosclerótica. Ergo, uno aprende a vivir mejor pero no por eso debe olvidarse de vivir no?

Los 40 también implican cierta sensatez en la forma que tenemos de relacionarnos con el mundo. Hay algunos que durante los 20´s y los 30´s se dedicaron a estudiar y a trabajar como locos y a partir de los 40, con cierta solidez económica y tranquilidad patrimonial se dedican a vivir el día a día con cierto desenfreno. Le meten una patada en el culo a su compañera de ruta, se pintan las canas o se hacen un par de operaciones para implantarse cabello, una discreta cirugía para eliminar las grasitas antiestéticas y se consiguen una trophy girl a la que exhiben orgullosamente confirmando aquel aserto popular que dice: Billetera mató galán. Nada más patético pues que un tío intentando reciclarse a punta de sillao y billetes. Hay que tener cierta dignidad para que los años nos conviertan en personas equilibradas en vez de caricaturas de nosotros mismos. Cuando alguien repara en mis canas heredadas de la gorda y me dice con cierto sarcasmo “canosoooo…” yo respondo en voz baja y con gesto displicente “y libidinoso…”. Con esto quiero decir que no hay que tomarse en serio el paso del tiempo, hay que aceptarlo con bastante normalidad y no hay que confundir las actitudes, el comportamiento y la variación de nuestras respuestas frente a los mismos estímulos del ayer. Tampoco se trata de abandonarnos y andar con pinta de náufrago por las calles, simplemente preocuparnos por nuestro aspecto y atuendo sin exageraciones y apelando al sentido común.

Estímulos, esos traviesos duendecillos que despiertan a los demonios que dormitan por épocas en nuestro interior. Dicen que los cuarentones somos unos grandes pendejeretes. Que nos volvemos expertos en sacar los pies del plato, que refinamos nuestras artes seductoras y nos hacemos expertos en lides amatorias. Estereotipos más o menos lo cierto es que el hombre no tiene tantas certidumbres como muchos piensan y los 40´s no son tan dorados en lo que al sexo concierne. De acuerdo al manual de eventualidades para cuarentones la próstata empezará a joder por lo cual pasaremos pronto por la incómoda metida de dedo (si alguien conoce a una uróloga me avisan por favor) la libido decae (sobretodo en casa) y uno regresa a experimentar el rubor de farmacia que solíamos tener en nuestra adolescencia al comprar un preservativo con la diferencia que en vez de hacerlo por el jebe preguntaremos por un viagra. En lo personal si bien todo me sigue funcionando sin novedad (menos la vista, ya necesito lentes para leer, ríete nomás Ñami) ya dejé la etapa en la que me gustaban todas –como si solían hacerlo entre los 15 y los 25- y el espíritu de cacería no esta anulado pero digamos que anda dormitando hace un buen tiempo. Creo que he aprendido a disfrutar de la mujer como un ente total y complejo y he comprobado también que ya no necesito impresionar a nadie con proezas deportivas, regalos costosos, un auto veloz o una propuesta sumamente indecorosa. Gallo viejo con el ala mata, Gallo gordo, con el floro hipnotiza.

En resumen, creo que estoy acostumbrándome a vivir un poco mejor. No reniego por cojudeces, valoro más el uso del tiempo y me tomo licencias que hace algun tiempo eran impensables; si me quiero quedar en pijama hasta las 12 lo hago, si me quiero quedar hasta las 3 de la mañana viendo películas antiguas tampoco le pido permiso a nadie. Solo uso terno y corbata en ocasiones excepcionales y estoy aprendiendo a combatir la procrastinación paulatinamente. Llamo a todos mis amigos a horas indistintas y no me importa mayormente si su mujer es una bruja o no (aunque no lo crean he dejado de ver a dos de mis mejores amigos por mucho tiempo a causa de las brujas de sus mujeres). Me encanta conocer cada vez más y más gente y descubrir cuanto puedo aprender del resto y que poco sé de la vida y de otras yerbas. Soy absolutamente feliz haciendo planes bloggers con el Pendrejo, recurriendo a Miss Cabina Santiago para aprender a hacer hipervínculos o a mi Psiquiatra preferida para averiguar un par de datos sobre hospitales para un familiar en Alemania (sin dejar de mencionar los cotorreos por Nextel con la cinéfila enamorada). Adoro Internet y cada día le saco mayor provecho –dentro de mi condición de techno-dummie- personal y profesionalmente. Almuerzo donde me da la gana y como lo que me da la gana aunque la comida ya no me obsesione como antes.

En resumen, no he cumplido con uno de los objetivos que me había trazado hace algun tiempo que era dejar de trabajar a los 40 años. Pero el otro lo he alcanzado largamente: vivir a mi aire, con todo funcionando y tratando de no joder a ninguno para que nadie me joda. Esos serán mis principios a partir de ahora y bueno, como dijo alguien famoso, si a alguien no le gustan también tengo otros.


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