Crónicas de lo que sucede alrededor nuestro y eventualmente de lo que sucede en mi interior.
Quienes me conocen un poco saben que soy un anticlerical convicto y confeso. Como siempre lo converso con el único amigo cura que tengo, creo en el mensaje cristiano más no en la gran mayoría de sus mensajeros. Me gusta visitar las iglesias, contemplar extasiado el arte sacro sentándome a pensar en medio de un ambiente místico y especial pero cuando escucho a nuestro Cardenal pontificar sobre salud reproductiva, derechos humanos, divorcios y políticas de salud pública me identifico más con la secta de Ezequiel Ataucusi que con el credo apostólico y romano. Felizmente, el susodicho nunca será Papa pues ya es Yuca.
Aquellas contadas personas que me conocen muy bien (4 ó 5 personas que han tenido la valentía de soportarme durante muchos años) saben además que una de las características más saltantes de mi personalidad es
Juaaaaaaaaaattttttttt???????? Pues si, leyeron bien. Hace varios años me provocó ir al centro en busca de un restaurante de grato recuerdo durante mi infancia. El “Raimondi”, ubicado al costado izquierdo de la Iglesia de La Merced era un sitio donde había comido uno de los mejores asados con puré de papas y arroz con choclo de mi vida y quería rememorar esa increíble sensación. Cuando llegué no había restaurante, ni asado con puré ni nueva sensación, la vida se encargaba nuevamente de demostrarme que todo es efímero y que vivir de recuerdos no es siempre placentero.
Decidí entonces visitar la Iglesia de la Merced que se encontraba abierta al público y me sorprendió sobre la mano derecha una aglomeración de gente en torno a una cruz repujada con laminas de plata y centenares de placas de agradecimiento colocadas desordenadamente alrededor. Todos estos recordatorios hacían mención a un milagro, gracia o favor recibido del padre Pedro Urraca (1583-1657) sacerdote mercedario nacido en España y que luego de un largo peregrinaje por América recaló en Perú donde terminó sus días y se encuentra enterrado. Que era tan milagroso en este padre Urraca? Era tan milagroso como decían o era un caso más de superchería popular? Decidí averiguar un poco más y recibí un cúmulo de informaciones de toda laya. Para empezar, es un santo en trámite pues en 1981 Juan Pablo II reconoció su “heroicidad de virtudes” lo cual lo pone en la antesala directa del proceso de canonización. Sus milagros se cuentan por doquier desde las épocas de la colonia y no solo han sido realizados en el Perú sino también en Ecuador. Se dice por ejemplo que una vez en el valle del Chota (Ecuador) llegó a una hacienda en donde el capataz estaba torturando inhumanamente a los indígenas del lugar. El Padre Urraca le recriminó su actitud al capataz y le dijo que si no cesaba
Recuerdo que casi finalizando la visita me acerqué a una señora que contemplaba la cruz con mucha tranquilidad y musitando lo que parecían ser unas oraciones y petitorios. Le pregunté acerca de la devoción por el Padre Urraca y me respondió con una sonrisa que ella venía a agradecerle todos los días la curación de su hijo de un cáncer maligno. Al notar mi escepticismo mal disimulado me dijo en tono casi confidente:”Seguro que ha pedido algo para Ud. y esto no funciona así. Tiene que pedir algo para un ser querido o un amigo”. Le agradecí con sorpresa el tip y me fui sin pedir ni creer en nada. Nada más doloroso para un agnóstico racional el verificar que pueden haber indicios que le confirman a uno la verosimilitud de lo intangible.
Los fenómenos para-normales siempre me han parecido dignos de ser evaluados con seriedad y sin disfuerzos, sea que vengan estos del lado religioso o de la orilla pagana. No sé que hay más allá pero me queda claro que hay una dimensión que escapa al análisis racional y lógico y con eso mejor no meterse. Bajo esa premisa he llevado buena parte de mi vida y pensar así me llevó a aceptar que también puedo ser no solamente beneficiario sino amigo del Padre Urraca. Hace un par de años teníamos a uno de nuestros representados a punto de hacer una prueba en un club europeo. El chico venía de tener un año bastante malo por una lesión rebelde y quería cambiar de aires y empezar nuevamente su carrera deportiva en otro país. La cosa es que acompañado de mi socio estaban a punto de iniciar un partido de práctica en un club donde el entrenador tenía fama de ser un personaje poco amigo de los jugadores extranjeros. Sabíamos que teníamos pocas posibilidades de éxito pero teníamos que jugarnos esa carta pues el jugador aparte de la relación profesional era amigo de nosotros. Era un negocio muy pequeño para mí pero algo importantísimo para poder relanzar la carrera del jugador y cimentar nuevamente su confianza. Mi socio estaba muy nervioso y me llamó desesperado 5 minutos antes del inicio de la prueba:
Salí volando del lugar donde estaba y tenía una llanta del auto en el suelo. Y la llanta de repuesto…estaba en
Tenía 10 minutos hasta que empezase el 2do tiempo. Sentía que estaba recurriendo a lo irracional, a la falta de lógica y en parte a
“Padre Urraca, ayúdelo a mi amigo, ese si va a misa todos los Domingos, es un buen chico y ya lo han hecho padecer bastante. Tu eres el bravo y puedes ayudarlo a cambiar su futuro”
No sabía que más decir y me quedé sentado pensando en mil cosas durante más de 40 minutos. Cuando me estaba quedando casi dormido pues había muy poca gente en la Iglesia me despertó el zumbido de un SMS de mi socio, no lo podía creer:
Nuevamente citando al apóstata de mi viejo: Dios le da pan al que no tiene dientes y barba al que no tiene quijada. Y milagros al que no tiene fe, agregué yo a partir de ese día.
Desde esa fecha no he tenido que pedir nada hasta el día de hoy. He pasado momentos difíciles pero no he querido molestar al Padre Urraca pues a el hay que buscarlo cuando nosotros ya no podemos hacer nada y nuestra capacidad de maniobra esta reducida al mínimo. Bueno Pedrito (asi nos hablamos en confianza ahora) te comento que te tienes que hacer una de campeonato. Una persona muy especial y a quien quiero mucho las esta viendo medio cuadradas hace algun tiempo. No se cumplen las metas que se ha trazado a pesar del empeño que pone y encima ha recibido el premio de una enfermedad que no se sabe si es grave o no. Yo, que he sido un pecador de polendas y no soy un dechado de virtudes ni siquiera me resfrío y la gente que hace buena letra, cumple con todos los mandamientos y se empeña en hacer las cosas bien parece que anda un poco olvidada de los favores de ustedes.
Déjate de cuatro cosas pues Pedrito y acuérdate de la persona que te estoy recomendando. Dale alas para volar en la vida y mucha salud para poder disfrutarla. Yo te aseguro que no te estoy recomendando a la persona equivocada. Te prometo dos cosas a cambio del favor que te estoy pidiendo: La primera no la puedo confesar públicamente pero entre tú y yo sabes que la voy a cumplir. Y la segunda la voy a conversar con el atentísimo Padre Angulo que es el contabilizador oficial de tus milagros en el Perú. No solamente para que anote lo que te voy a pedir – y tu vas a cumplir – en su cuaderno de ocurrencias extraordinarias sino para que el verifique el estricto cumplimiento de la segunda promesa que te estoy haciendo.
Y bueno, de yapa te vas a convertir en el santo oficial de esta peluquería, que más quieres pues Pedrito, bien que te mueres de ganas de estar en la blogósfera al lado de tanta chica linda que me visita.
Tal parece que la vida del hombre esta regida en su totalidad por
a las esporádicas incursiones en cines de barrio para ver cintas clásicas como “Seka la erótica”, “La doble boca de Erika”,”Gargantas profundas”,”El imperio de los sentidos” o las precuelas, secuelas e innumerables continuaciones de “Emmanuelle” con aquella estrella del cine porno llamada Sylvia Krystel. . La visión de estas películas nos hacía creer que el sexo era una cuestión muy fácil y accesible, algo bastante sencillo para muchachos algo avispados como nosotros. Y a pesar que la sociedad era un poco más recatada en ese entonces ya teníamos un cóctel demasiado explosivo, hormonas, literatura que nos hablaba de burdeles y polvos alucinantes (
Existe una perversa y errónea tradición que establece que los hombres no debemos llorar. Las lágrimas – asi lo establece esta obtusa creencia- además de ser patrimonio femenino son sinónimo de debilidad y las únicas licencias permitidas para llorar a borbotones son la pérdida de un ser querido…o la derrota de nuestro equipo favorito de fútbol. Para todo lo demás siempre habrá un gesto adusto, una mirada recia o un control absoluto de las emociones “innecesarias”. Esa proverbial actitud hacia el control emocional ha generado no solamente en nuestro país sino en otros paraísos machistas generaciones de ciudadanos incapaces de expresar y transmitir sus emociones a otras personas con los consiguientes problemas psicológicos y sociológicos que se derivan de estas carencias. El objetivo de este post no es ahondar en los motivos de esta absurda postura, solo queremos dejar constancia que los ricos, los hombres y los peluqueros…también lloran.
La primera diarrea lacrimal que recuerdo no fue una tunda de mi padre (esas me hacían llorar pero de cólera) ni una decepción amorosa temprana. Fue la lectura de un tirón de un clásico de la literatura latinoamericana llamado “Mi planta de naranja lima”. Las aventuras de Zeze, la pobreza de Brasil, la ternura inmensa de Portuga y su trágica desaparición fueron un cóctel demasiado fuerte que me hizo leer y releer la novela cuando no tenía más de 8 años. Era el mundo tan jodidamente cruel como aparecía representado en el libro? En realidad, el tiempo me demostraría que tanta crueldad era poca cosa frente a las atrocidades que el fin del siglo XX nos deparó. Mis lágrimas solo fueron un adelanto más I.G.V. Tan intensas y mezcladas son las emociones que me provoca ese libro que aún dudo en dárselo al Panzón para que lo lea, ese es tan sentimental que seguro termina en la clínica deshidratado.
Cuando todavía no me había repuesto del impacto emocional del libro de Vasconcelos asistí una tarde a una función en el anfiteatro del Ministerio de Educación donde mi madre trabajaba. “El Globo Rojo”, una antigua película francesa de 1956 era la primera de dos películas para niños que se iban a exhibir aquella tarde y para los que no la han visto trata de un niño que recorre las calles del Paris de la posguerra acompañado solamente por un hermoso globo rojo. Una cinta hermosa, sin palabras, voces prestadas ni efectos especiales en las que el niño y el globo desarrollan un mundo paralelo y particular inmune a la realidad fría, racional e insensible de los adultos. Como la cinta no era hablada no se le ocurrió mejor idea a los organizadores de la proyección que poner al final de la cinta la canción “El Globo Rojo”, un pegajoso tema interpretado por un grupo argentino llamado “Los Tíos Queridos”. Ahí si empezó el huaico, toda la emoción que no quería ver desplegada pues había muchos niños y niñas más explotó literalmente al escuchar los acordes de la cancioncita de marras. …”el globo rojo era su amigo, a todas partes iba con él…”. Y pequeño Schatz shoró y shoró y shoró y shoró.
Mi padre nunca me dijo que los hombres no lloran. Quizá porque desconocía el sentido de esa palabra pues una sola vez lo he visto llorar en su vida, cuando murió su madre. Y no podemos decir que era un macho de película mexicana, simple y llanamente a el se olvidaron de enseñarle el significado de la alegría y
Conocedor a temprana edad de mi precaria estructura afectiva tome precauciones para que estos desajustes no me volviesen a pescar in fraganti. Leía mucho a partir de los 8 años y trataba de hacerlo a solas, en mi cuarto o en lugares apartados donde nadie me podía interrumpir u observar. También comencé a desarrollar mi curiosidad por el cine y cuando inicié la secundaria me metí en el club de cine del colegio. Me zampé por mi tamaño en realidad pues el requisito mínimo era 3ero de media y siempre conseguían buenas películas que se exhibían por las tardes. Una tarde me pasaron la voz que había una película imperdible que no podía dejar de ver y asistí a la película más triste que he visto en mi vida. “Ladrón de Bicicletas”, de Vittorio de Sica. Una historia de amor filial en una sociedad destruida y en crisis. Como era predecible (y encima estaba resfriado) produje navegables cantidades de moko sentimental, aquel que sube, baja, vuelve a subir y no se quiere ir. Si alguna vez tienen algun tipo de pelea con su padre consíganse esta película y véanla con detenimiento pues les aseguro que al terminarla correrán a abrazarlo entre lágrimas y propósitos de enmienda.
Fui creciendo y aprendí que uno debía hacerse fuerte porque este mundo no estaba hecho para los débiles de espíritu. Y claro que me hice fuerte a patadas – o al menos así lo creí- pero ante la película, libro o estímulo indicado me convertía en un rochabus lacrimoso. No lloraba cuando me trompeaba, tampoco cuando era choteado sin anestesia por algun amor imposible. Tampoco lloré a algunos amigos que desaparecieron tempranamente pues los quería recordar como a ellos les hubiese gustado que lo hagan, con risas y sin llantos. Si lloré amargamente junto a mi hermano Juan cuando llevamos a nuestra primera perrita a ser sacrificada pues ya estaba muy enferma. No existía pues un patrón o Standard que estableciese los requisitos mínimos que se requerían para activar las lacrimales.
Shoré a mares leyendo “El Caballero Carmelo”, aquel magnífico cuento de Valdelomar. Ni que decir de la muerte de Chanquete en “Verano Azul”, aquella extraordinaria serie de televisión española que a inicios de los 80 recreaba la vida de un grupo de niños y adolescentes en la Costa del Sol española. “Del barco de Chanquete, no nos moverán” fue nuestro grito de guerra en más de una oportunidad. Lloré amargamente cuando mataron a John Lennon y por supuesto cuando se cayó el avión del Alianza, donde además de jugar mis ídolos perdí a dos amigos muy queridos. Y mis últimas grandes lágrimas cinematográficas fueron – y se repiten en cada nueva vuelta- para “Cinema Paradiso”. La historia de Totó y Alfredo no ha podido ser derrotada por “Il Postino” ni por “The Bridges of Madison County”. Estas dos últimas solo humedecieron pupilas, la historia de Tornatore me hizo rescatar al pañuelo del olvido.
Como verán, hay más de 10 cosas que me han hecho – o me pueden hacer- shorar. Y no siempre hay que encontrar las causas en las ficciones artísticas. Huérfanos perdidos en la sierra de Ayacucho, hospitales de niños con radiación en Ucrania o algun viejo enfermo y triste que ha sido abandonado por su familia. Hacerlo no es claudicar ni experimentar debilidad. Es demostrar que nuestros sentimientos siguen preponderando en el gobierno de nuestras acciones sobre nuestra racionalidad y que por ende somos humanos sensibles y no remedos baratos de algun cyborg de novela. Me he quebrado una sola vez, eso si es jodido. Cuando hablo de quebrarse me refiero a una situación irreversible en donde lloras algo que haz perdido irremediablemente y que esta asociado indefectiblemente a la sensación de fracaso personal. Un día antes de separarme mi ex – esposa no pensaba que iba a tener la suficiente decisión para irme de
Casi a punto de empezar la etapa en la que dejas de “tener toda la vida por delante” y empiezas a vivir el resto de tu vida creo que el pellejo se me ha endurecido un poco. Sigo experimentando anhelos y emociones cada día pero mis anhelos son de estabilidad y bienestar. Y como no, de economizar penas en donde y hasta cuando sea posible. Evoco los llantos ficcionales con alegría y cuando pienso en los vivenciales los recuerdo pero con tranquilidad.Espero no tener que derramar lágrimas por mis hijos o por mi esposa, salvo que sean de absoluta y genuina alegría. Tampoco espero hacerlo por mis hermanos y ante la inevitable partida de mis padres solo aguardo haberles dicho y expresado muchas cosas que a veces la cotidianeidad nos hace olvidar a fin de poderlos recordar sin dolores ni tristezas.
Porque no hay nada más liberador - y paradójico- que evocar a la tristeza sin derramar una lágrima.
Hong Kong Suite
- Recuerdo mucho esa gira hace más de 30 años. Era la primera vez que un equipo peruano iba al Asia y fuímos recibidos con mucho cariño y deferencia. El organizador de la gira era un chino millonario que tenía más plata que Atahualpa y nos atendía a cuerpo de rey. Yo me hice su amigo pues era el único que hablaba inglés y durante las dos noches previas al partido me invitaba a mí, al zambo Gonzalez y a Roberto a recorrer la ciudad en su limosina. Una ciudad fascinante Hong Kong, llena de tiendas, restaurantes lujosos y unos night clubs extraordinarios. Cuando eres joven y famoso piensas que el carnaval es perpetuo y que la vida te va a tratar así siempre.
- La noche del partido todo nos salió a pedir de boca. El juego fue un éxito deportivo y económico y al regresar al hotel se armó un pequeño festejo en el lobby. En medio de la batahola de gente divisé al chino que me hacía señas para que me acerque. Ataviado con un smoking impecable disfrutaba de su noche de triunfo con una copa de champagne y un puro en
Escuchamos la cerradura de la puerta del chino y lo vimos salir en una vaporosa bata de seda maquillado de una forma extraña. Le pregunté al chino por las chicas y me respondió escuetamente “No ladies, today it´s a boy´s party”.
Nos miramos con el zambo y Roberto y busqué nerviosamente un pretexto para salir unos minutos de
Todos nos miramos sorprendidos. El mitrón, imperturbable, saboreaba su whisky y su pírrica victoria. Nos habíamos quedado completamente inermes, sin palabras ni ídolo de infancia. Más tarde, recuperados de la impresión, comentamos que más vale ser cerdo en casa de Herodes que enemigo en el corazón del Mitrón.
Me identifico con el tipo que esta solo. Muchas veces he estado sentado durante algún viaje en alguna barra de hotel o en un bar olvidado haciendo planes, recuentos, balances e inútiles ejercicios de memoria. Y he terminado generalmente absorto en la atmósfera del lugar que me albergaba preso de un memento indescriptible que solo me dejaba pensar en mi condición momentánea y en mi trago. En algun momento de nuestras vidas todos somos halcones de alguna noche.
Es muy probable que algunos hayan visto una hipercomercializada variación de la pintura de Hopper titulada “Boulevard of broken dreams”. En esta ultima el dependiente es reemplazado por Elvis Presley,el solitario es James Dean y la pareja es reemplazada por Marilyn Monroe y Humprey Bogart.
La segunda imagen favorita esta precisamente relacionada al buen Boggie. Cuando todos los muchachos de mi edad querían ser Meteoro, el Capitán América, John Travolta, el émulo de algun futbolista famoso o un profesional de postín yo solo aspiraba a llevar una vida como la de los personajes de Humprey Bogart , héroe por antonomasia del cine negro quien además de ser dueño de una voz irreemplazable en el cine siempre será recordado por su performance como el detective Sam Spade en “El Halcón Maltes” o como Rick Blaine en la archiconocida “Casablanca”. Ambos, sujetos con una coraza de hierro exterior que los hace en apariencia insensibles pero que llevan en el interior una compleja y cínica mezcla de emociones disimuladas que los terminan llevando a hacer lo correcto cuando todo parece estar irremediablemente perdido.
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